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Anfiteatro de Itálica

El anfiteatro de Itálica, escenario de batalla para Juego de Tronos

Los responsables de la productora de la serie ya han visitado personalmente las instalaciones de la ciudad romana.

El anfiteatro de la ciudad romana de Itálica, en Santiponce (Sevilla), será escenario de una batalla en la séptima temporada de la serie de HBO Juego de Tronos, dentro del listado de escenarios del rodaje en su regreso a España de la exitosa producción estadounidense.

Así lo han confirmado a Efe fuentes de la Oficina de Gestión del complejo arqueológico, que han concretado que los responsables de la productora de la serie ya han visitado personalmente las instalaciones de la ciudad romana, centrándose en el anfiteatro como un lugar ideal para rodar una de las escenas de acción.

Sin concretar cuando se iniciaría el rodaje de las escenas en Itálica, sí han señalado que el anfiteatro les ha parecido el lugar idóneo para lo que tienen pensado en uno de los episodios de la nueva temporada.

El anfiteatro fue construido en el norte de la que fue la primera ciudad romana en Hispania, Itálica, fundada en el año 206 a. C., y en su día, con 25.000 personas de aforo, fue uno de los más grandes de todo el Imperio Romano.

A falta de conocer más datos sobre el rodaje de la séptima temporada, HBO ha concretado que entre las localizaciones de la nueva temporada en España estarán Sevilla, Cáceres, Almodóvar del Río (Córdoba), Santiponce (Sevilla), Zumaia (Guipúzcoa) y Bermeo (Vizcaya).

No es la primera vez que la popular serie televisiva escoge España como emplazamiento para rodar ya que, en anteriores temporadas, desplazó a su equipo a lugares como Osuna (Sevilla), Córdoba, Sevilla, Almería, Peñíscola (Castellón) o las Bardenas Reales (Navarra).

Junto a España, “Juego de Tronos” también desarrollará parte de los nuevos episodios en Islandia como complemento a la producción general de la séptima temporada, que se llevará a cabo en Irlanda del Norte.

Los nuevos capítulos de la serie inspirada en las novelas de George R.R. Martin comenzarán a grabarse este verano y su estreno está previsto para el mismo periodo de 2017.

Origen: El anfiteatro de Itálica, escenario de batalla para Juego de Tronos (Andalucía Información)


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Egipto reabre la pirámide del rey Unis en Saqqara

El ministro de Antigüedades de Egipto, Jaled el Enani, ha participado este jueves en la ceremonia de reapertura de la pirámide de Unis, ubicada en la necrópolis de Saqqara y cerrada desde hace 20 años.

Unis fue el último faraón de la dinastía V de Egipto y, pese a su pequeño tamaño, la pirámide es considerada una de las más importantes del país, ya que en ella fueron grabados por primera vez los «Textos de las Pirámides». Estos textos son un repertorio de conjuros y súplicas grabados en las cámaras de las pirámides con el propósito de ayudar al faraón en el inframundo de la mitología egipcia y asegurar su resurrección y vida eterna.

El egiptólogo Gaston Maspero fue el primero en entrar en la pirámide en 1881, y ésta fue cerrada en 1996 debido a que la alta tasa de humedad estaba afectando negativamente su cámara funeraria.

Según las informaciones facilitadas por el diario egipcio «Al Ahram», la reapertura ha sido posible tras la instalación de un sistema de ventilación que permitirá controlar los niveles de humedad y calor en el interior de las instalaciones.

En este sentido, El Enani ha destacado que la apertura de la pirámide es una muestra de la cooperación entre distintos sectores del Gobierno egipcio, adelantando que se abrirán más en el futuro para atraer el turismo.

Origen: Egipto reabre la pirámide del rey Unis en Saqqara (Diario ABC, 27 de mayo de 2016)


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Presentación de EL SECRETO DE LOS BALBO en Cádiz

La obra “El Secreto de los Balbo”, de J. A. Ortega, presentada en Cádiz

El nuevo y último libro del periodista y escritor barreño fue dado a conocer el pasado miércoles, 11 de mayo, en la XXXI Edición de la Feria del Libro de la capital gaditana. El acto tuvo lugar en el Baluarte de la Candelaria y contó con la participación del catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Córdoba Juan Francisco Rodríguez Neila, autor de varias obras ensayísticas y ponencias sobre la Hispania Romana y la Antigua Gades. La cita estuvo complementada con la proyección de un vídeo que sirve de introducción al relato de Ortega y la lectura de un pasaje del texto a cargo de la Asociación de Personas Lectoras de Cádiz.

 

Firma de EL SECRETO DE LOS BALBO en Cádiz

La nueva novela de José A. Ortega, a la venta desde el pasado 23 de febrero, se centra en la figura de un personaje de origen gaditano que gozó de notable protagonismo en la Roma del siglo I a. C. Lucio Cornelio Balbo El Menor, sobrino de Lucio Cornelio Balbo El Mayor, amigo y confidente de César.

El argumento gira en torno a un supuesto crimen nunca resuelto, ocurrido 15 años antes de la muerte del célebre dictador, y los enredos políticos que se suceden desde que este ínclito ciudadano romano accede a su primer consulado (59 a. C.) hasta que alcanza el poder absoluto.

El texto, no obstante, ofrece a lo largo de todas sus páginas una versión novedosa respecto al desarrollo de muchos de los hechos de la época sobre los que se tienen noticias y plantea alguna que otra hipótesis que sorprende. En particular, sobre la conspiración y el magnicidio de los idus de marzo del 44 a. C., sobre el idilio amoroso entre Cleopatra, reina de Egipto, y Marco Antonio, y sobre la relación de este último con Gayo Octavio, que luego habría de convertirse en César Augusto. Además, está repleta de detalladas referencias tanto históricas como literarias, fruto de una amplia e intensa labor de documentación y consulta de numerosas fuentes.

Rodríguez Neila

Juan Francisco Rodríguez Neila (Cádiz, 1948) cursó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Sevilla, graduándose con los Premios Extraordinarios de Licenciatura y Doctorado de Filosofía y Letras y Ayuntamiento de Sevilla. En el Departamento de Arqueología de la Universidad Hispalense elaboró, bajo la dirección del profesor Blanco Freijeiro, su estudio sobre los Cornelio Balbo de Gades. Posteriormente, en el Departamento de Historia Antigua de la misma Universidad, bajo el magisterio del profesor Presedo Vela, y como becario de Formación del Personal Investigador, elaboró su tesis doctoral sobre “La administración municipal en la Hispania Romana”, presentada en 1976 y calificada con sobresaliente “cum laude”, obteniendo en 1980 el “Trofeo Tesis Doctoral”.

Ortega, Puerto y Rodríguez Neila

Rodríguez Neila ha repartido su actividad docente entre la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla, el Colegio Universitario de Letras de Cádiz y, especialmente, la Universidad de Córdoba, cuyo Departamento de Historia Antigua dirige. Actualmente ejerce como catedrático en este departamento y es director del Instituto de Historia de Andalucía. También es miembro de la Cátedra Municipal de Cultura “Adolfo de Castro” del Ayuntamiento de Cádiz y académico de la Real Academia de Córdoba. Entre sus publicaciones figuran libros como “Confidentes de César: los Balbo de Cádiz”, “El municipio romano de Gades”, “Sociedad y administración local en la Bética romana” e “Historia de Córdoba. Del amanecer prehistórico al ocaso visigodo”, así como numerosos artículos en revistas especializadas.

El proyecto de Fernando Quiñones

El catedrático de la Universidad de Córdoba ofreció unos muy interesantes apuntes sobre la figura de los Balbo de Cádiz, sobre sus orígenes y sobre su relevancia en tiempos de César. Efectuó un análisis sobre los valores de la novela histórica y las aportaciones del género a la divulgación y el conocimiento de la Historia. Desglosó el contenido de la obra de José A. Ortega y destacó las cualidades de la misma en lo que se refiere a la verosimilitud de los hechos que narra, la recreación de la época, la construcción de los personajes y la detalla información que proporciona, más allá de los elementos novelescos. Además, hizo mención a la memoria del escritor Fernando Quiñones, quien, en efecto, como ya señalara el periodista algecireño Juan José Téllez, tuvo intención de redactar una novela sobre los Balbo y contactó con él personalmente para que le documentara al respecto, aunque no concluyó el proyecto.

El Secreto de los Balbo se presenta en Cádiz

J. A. Ortega mostró su gratitud a la Editorial GoodBooks por la publicación de “El Secreto de los Balbo” y a las personas que le prestaron su colaboración durante la elaboración de este nuevo libro. También añadió algunas reflexiones sobre lo que perdura del legado de Roma y la Antigüedad Clásica en nuestros días, así como sobre la importancia de la investigación histórica para explicar el presente, afrontar con mejores perspectivas los problemas del mundo de hoy y contribuir a la prosperidad y el desarrollo de los pueblos.

El periodista y escritor barreño ya presentó “El Secreto de Los Balbo” en Los Barrios, con notable éxito de público, el pasado 10 de marzo, llenando la amplia sala del Edificio Pósito, y en el Centro Documental José Luis Cano de Algeciras, el pasado 26 de abril.


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El Secreto de los Balbo, en palabras del escritor y periodista Juan José Téllez

José Antonio Ortega, probablemente, no sepa que ha escrito la novela perdida de Fernando Quiñones. El escritor gaditano soñó, en su día, con escribir una larga narración sobre los Balbo –tío y sobrino–, quienes consiguieron la ciudadanía romana para todos los gaditanos y apoyaron a César en la guerra civil.

En “El secreto de los Balbo”, Ortega enmascara su pluma –sólida y amena– bajo el juego de que se trata de una especie de memoria, que resultaría de “una adaptación del texto latino publicado bajo el título De secreto Balborum –Sobre el secreto de los Balbo– e incluido en una edición de 1826, impresa en Berna, de la que se conserva un ejemplar en la Biblioteca apostólica Vaticana y otro en la Biblioteca de la Abadía de Saint Gall”.

La acción gira en torno a dos personajes singulares, conocidos bajo el mismo nombre, Lucio Cornelio Balbo, llamado Balbo el Mayor (Gades, 97  ó 100 a. C. – fecha de la muerte desconocida) y su sobrino, apodado Balbo El Menor. El primero de ellos fue un político y gobernante hispano que ocupó los más altos puestos en la República de Roma, siendo el primer extranjero en conseguir el honor de cónsul en el año 40 a. C. Pertenecía a una poderosa familia de origen púnico enriquecida por el comercio, pero él cosechó fama de usurero y de intrigante: en el teatro romano de Cádiz, por ejemplo, se descubrió hace unos años la primera pintada de la historia en la que se le llama “Balbo Latro”, “Balbo ladrón”, cincelada sobre el sitial que presumiblemente ocupaba en dicho recinto.

Portada del libro "El Secreto de los Balbo"El poder de Balbo el Mayor fue considerable, tras convertirse en consejero de Cayo Julio César, nombrado cuestor en la Bética, en el año 69 a. C. Este encuentro resultaría crucial para su futuro, ya que se convierte en confidente y amigo del futuro dictador. El fue quien le llevó al templo gaditano de Melkart, el origen del mito de Hércules, a rezar ante el viejo dios fenicio. Suetonio nos cuenta que, allí, “al contemplar una estatua de Alejandro Magno se echó a llorar, como avergonzado de su inactividad pues no había hecho todavía nada digno de memoria en una edad en la que ya Alejandro había conquistado el orbe de la tierra”.

En el año 60 antes de Cristo, Balbo ya aparece en Roma como hombre de confianza de Julio César y las crónicas le dibujan como uno de los artífices del acuerdo que facilitó el triunvirato entre César, Pompeyo y Craso. En el 59 marcha junto a César a su campaña de las Galias siendo su enlace con Roma, adonde viajaba continuamente para mantener informado a César de los acontecimientos políticos en la capital. A Balbo se le atribuye la creación de uno de los primeros servicios secretos de la historia, consolidando su poder en el Imperio. Desde dicha posición, llega a financiar algunas campañas bélicas, siempre al servicio de Julio César, con quien urde el pacto de Lucca con Pompeyo en el año 56 a.C. No pudo impedir, sin embargo, la guerra civil que, en gran medida, también tuvo un claro reflejo en Hispania. Gades apoyó al bando de César mientras que los pompeyanos intentaron encontrar refugio en la campogibraltareña Carteia. Desde allí, tras la batalla de Munda en el año 45, Cneo Pompeyo intentó escapar haciéndose a la mar, perseguido por la flota de Gades al mando de Didio. Después de una tenaz resistencia, sus partidarios y él mismo fueron exterminados, y su cabeza llevada a Gades ante César el 12 de abril y expuesta a la vista de todos sus habitantes.

El asesinato de César, sobre el que gira en gran medida la novela de José Antonio Ortega, se produce un año después, en el 44 antes de Cristo, pero la historia de Balbo prosiguió luego: de hecho, organizó un partido cesariano en apoyo de Octavio frente a Marco Antonio, otros de los protagonistas de este libro. Cuando ambos llegan a un acuerdo en el año 40 a. C., Balbo fue honrado con el consulado, siendo el primer no itálico en conseguirlo. Poco después se retira de la política activa para seguir apoyando a su sobrino.

Quiñones no pudo escribir su novela sobre los Balbo pero, en su libro “Las crónicas de Hispania”,  de 1985, nos dejó escrito un poema que podría prefigurar su opinión sobre dicho personaje y sobre su tiempo, con alusiones al teatro romano que la familia Balbo construyó o al garum que procedía de Baelo Claudia, aunque no mencione a las “puellae gaditanae”, las bailarinas de Gades, que hicieron sonar sus crótalos en la Roma imperial:

BALBO

Cádiz, quinta década antes de Cristo
Naves no han de llegar con este viento
y todo está ya a punto, dispuestas
las vestimentas y las máscaras,
limpios el escenario, el graderío…

Hablaba el amo de que muchos
vendrían también por la Calzada Grande
de la mar, pero apenas si he visto forasteros.

Van el vino y el gárum a sobrar en las ánforas,
y estos tiempos contrarios harán ruina
la representación.

El señor quiso
que los esclavos viéramos ayer el ensayo final
de su drama en honor del César
apuñalado en Roma. “Mi tragedia –decía,
y esta mañana volví a oírselo−
ha de traer aquí gente de toda
la Bética, herirá los corazones,
secará los pozos…”

Pero el viento borraba las palabras
de los actores, arremolinaba
contra sus caras los ropajes,
la arena enceguecía al coro.

Y ahora no hay nadie. Sólo sus dolidas
fidelidad, soberbia,
se obstinan en mover los hilos muertos de la trama.

Ese es el contexto sobre el que José Antonio Ortega ha construido una novela hábil, eficaz en su planteamiento, rigurosa en su contexto y amena bajo las condiciones habituales de la novela histórica. Bajo una espléndida edición de GoodBooks, el hilo argumental se centra en un crimen que no llegó a ser resuelto y que habría tenido lugar quince años antes del asesinato de Julio César, a partir de que el futuro emperador alcance su primer consulado en el año 59 antes de Cristo.

La secuencia histórica de esta narración transcurre durante la transición de la República al Imperio, pero brinda algunas claves que dibujan una versión original del célebre magnicidio de los idus de marzo. Aunque existen personajes de ficción –como la ardiente Clio–, la novela de Ortega está habitada por personalidades que existieron y que han dejado un rastro muy diverso en la historia, desde Cleopatra y Marco Antonio o la controvertida relación de este con Gayo Octavio, que luego habría de convertirse en César Augusto. Ortega sabe dibujar también, con tanto rigor como soltura, a personajes secundarios de esa misma atmósfera, como es el caso de Atia Balba, fémina reverendísima, un ejemplo clásico de matrona romana: que nadie lo dude, sea dios o no lo sea, concluía su leyenda.

Ortega nos plantea una novela llena de información sobre la antigüedad romana y partiría de un supuesto manuscrito firmado por Lucio Cornelio Balbo El Menor entre los 9 y 10 de nuestra era, poco antes de su muerte en la colonia romana de Norba Caesarina. Tras la muerte de César, Balbo el mayor se posicionará a favor de Octavio y asistirá a su guerra con Marco Antonio.

El autor de esta novela, José Antonio Ortega, nació en Los Barrios,  el 4 de enero de 1965. Periodista y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, hasta la fecha ha publicado cuentos y poemas en antologías compartidas y revistas literarias, tanto en España como en el exterior, y tres libros: “El Reino de las Sirenas” (Ediciones Atlantis, 2011), una sorpresa literaria en toda regla; “El clan de los ilusos” (Publicaciones del Sur, 1999) y “Viaje de regreso” (1996). Sin embargo, desde niño le gustaron las películas de romanos y los libros que transcurrían en dicha etapa histórica. Así que cuando empezaba a soñar con la literatura, con tan sólo catorce años, decidió escribir una historia que transcurría en un circo de Roma y que, lógicamente, decidió que nunca viera la luz. Ahora, durante los últimos tres años, se ha reconciliado con ese mismo ámbito, con mucha más experiencia literaria y una clara concepción del artefacto que supone la construcción de una novela.

El periodismo, que ha cultivado en Europa Sur, El Faro de Algeciras Información, Viva Campo de Gibraltar, o en el periódico digital Noticias de la Villa, le ha brindado la experiencia necesaria en materia de documentación para trazar un formidable retrato coral de la Roma imperial, con un lenguaje sabiamente inspirado en las traducciones clásicas latinas. Se trata de un simple ropaje porque, más allá de las convenciones de la historiografía, el relato que urde deja escapar siempre al narrador de raza que encierra y que ahora corona con la precisión de un orfebre y con la intrepidez de un aventurero, algo más que la ficción de un enigma. Quizá en el secreto de los Balbo podamos descubrir otros secretos de la historia y de nuestro propio mundo. Lo que ya ha dejado de ser un secreto es la calidad literaria de quien lo escribe.

 

Juan José Téllez


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PRESENTACIÓN DEL LIBRO EL SECRETO DE LOS BALBO EN ALGECIRAS

La novela perdida de Fernando Quiñones

José A. Ortega presentó el pasado martes, 26 de abril, El Secreto de los Balbo en la XXXI Feria del Libro de Algeciras.

El acto tuvo lugar en el Centro Documental José Luis Cano y contó con la presencia de la delegada de Cultura del Ayuntamiento de Algeciras, Pilar Pintor, y el vicepresidente de la Fundación Provincial de Cultura, Salvador Puerto. También participó Miguel Vega, técnico de la Delegación de Cultura de Algeciras, que dio lectura a un texto del periodista y escritor Juan José Téllez dedicado a Ortega y a su nueva y última obra. El director de programación y contenidos del Centro Andaluz de las Letras tenía prevista su asistencia a esta presentación pero a última hora no pudo acudir por motivos de agenda.

La nueva obra del escritor barreño, publicada por Editorial GoodBooks, y a la venta desde el pasado 23 de febrero, se centra en las vidas de Lucio Cornelio Balbo El Mayor y Lucio Cornelio Balbo El Menor, personajes originarios de Cádiz que gozaron de notable protagonismo en la Roma del siglo I a. C.

“La novela perdida de Fernando Quiñones”. Con esta expresión se refirió el exdirector del diario Europa Sur al libro del autor barreño. “José Antonio Ortega, probablemente, no sepa que ha escrito la novela perdida de Fernando Quiñones. El escritor gaditano soñó, en su día, con escribir una larga narración sobre los Balbo –tío y sobrino–, quienes consiguieron la ciudadanía romana para todos los gaditanos y apoyaron a César en la guerra civil”, fueron las primeras palabras del conocido periodista y escritor algecireño, en boca de Miguel Vega.

“El periodismo, que ha cultivado en Europa Sur, El Faro de Algeciras Información, Viva Campo de Gibraltar, o en el periódico digital Noticias de la Villa, le ha brindado (a José A. Ortega) la experiencia necesaria en materia de documentación para trazar un formidable retrato coral de la Roma imperial, con un lenguaje sabiamente inspirado en las traducciones clásicas latinas. Se trata de un simple ropaje porque, más allá de las convenciones de la historiografía, el relato que urde deja escapar siempre al narrador de raza que encierra y que ahora corona con la precisión de un orfebre y con la intrepidez de un aventurero, algo más que la ficción de un enigma. Quizá en ‘El secreto de los Balbo’ podamos descubrir otros secretos de la historia y de nuestro propio mundo. Lo que ya ha dejado de ser un secreto es la calidad literaria de quien lo escribe”, afirma Téllez.

J. A. Ortega agradeció a la Editorial GoodBooks su apuesta por la publicación de “El Secreto de los Balbo” y también mostró su gratitud a las personas que colaboraron con él en algunas fases de la elaboración de este nuevo libro. Además, apuntó algunas reflexiones sobre lo que perdura del legado de Roma y la Antigüedad Clásica en nuestros días, así como sobre la importancia de la investigación histórica para explicar el presente, afrontar con mejores perspectivas los problemas del mundo de hoy y contribuir a la prosperidad y el desarrollo de los pueblos.

El argumento de “El Secreto de los Balbo” gira en torno a un supuesto crimen nunca resuelto, ocurrido 15 años antes de la muerte de César y los enredos políticos que se suceden desde que el célebre dictador romano accede a su primer consulado (59 a. C.) hasta que alcanza el poder absoluto.

La novela, no obstante, ofrece a lo largo de todas sus páginas una versión novedosa respecto al desarrollo de muchos de los hechos de la época sobre los que se tienen noticias y plantea alguna que otra hipótesis que sorprende. En particular, sobre la conspiración y el magnicidio de los idus de marzo del 44 a. C., sobre el idilio amoroso entre Cleopatra, reina de Egipto, y Marco Antonio, y sobre la relación de este último con Gayo Octavio, que luego habría de convertirse en César Augusto. Además, está repleta de detalladas referencias tanto históricas como literarias, fruto de una amplia e intensa labor de documentación y consulta de numerosas fuentes.

Ortega ya presentó “El Secreto de los Balbo” en Los Barrios, con notable éxito de público, el pasado 10 de marzo, llenando la amplia sala del Edificio Pósito, y tiene previsto presentarla en Cádiz el próximo día 11 de mayo, así como en El Puerto de Santa María, en una fecha aún por concretar.


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Minas romanas en Hispania, la joya del imperio

 

El papel que jugaron las minas enclavadas en suelo hispano durante la dominación romana fue de vital importancia para la economía de la República y posteriormente del Imperio. Sometidas a métodos de explotación intensivos y revolucionarios para la época, en muchos casos transformaron el paisaje de algunas zonas de nuestro país.

Por: José Luis Hernández Garvi

Desde tiempos inmemoriales, la península italiana se había caracterizado por su escasez de yacimientos minerales de importancia, reduciéndose a unos pocos filones de oro localizados en las laderas de los Alpes y de cobre en Campania, escasos recursos que venían siendo explotados desde tiempo de los etruscos. Con el advenimiento de la República romana pronto se hizo evidente que esa pobreza minera, sobre todo en metales preciosos, era insuficiente para mantener las necesidades de un estado que aspiraba a convertirse en una potencia hegemónica en toda la cuenca del Mediterráneo.

Cuando la civilización romana empezó a extender su poder e influencia fuera de los límites geográficos en los que hasta entonces había estado constreñida, sus máximos representantes empezaron a controlar y administrar la riqueza de los pueblos a los que sometían. Cereales, aceite de oliva, vino, caballos, productos manufacturados y esclavos, se convirtieron en la base de un comercio dinámico que dio origen a las primeras grandes fortunas de la época. Sin embargo, la falta de minerales con los que financiar operaciones mercantiles o fabricar espadas para las legiones continuaba siendo un grave problema que las nuevas posesiones de un imperio en expansión eran incapaces de cubrir.

En el Norte de África, la cordillera del Atlas apenas ofrecía unas vetas de oro con un rendimiento bastante pobre para cubrir esas necesidades. En Macedonia, distrito romano situado al norte de Grecia y famoso por sus minas, los yacimientos estaban completamente agotados. Los romanos conseguían algo de oro y piedras preciosas de sus intercambios comerciales con Egipto, que a su vez los extraían de Nubia. De la misma forma, habría que esperar a que en el año 44 d.C. el emperador Claudio completase la conquista de Britania para que Roma tuviera acceso a grandes minas de hierro.

Mientras los administradores romanos buscaban desesperadamente nuevos yacimientos que explotar, empezaron a circular rumores que hablaban de las fabulosas riquezas que guardaba el subsuelo de la Península Ibérica. En el siglo III a. C., el escritor griego Ateneo ya aludía a la gran riqueza de Hispania en mineral de hierro. De la misma época son los comentarios de Filón de Bizancio, que hablaba de la fama alcanzada por el filo de las espadas celtíberas, capaces de amputar miembros de un solo tajo y que los romanos intentaron imitar sin éxito. Todas estas noticias despertaron el interés y la codicia de la mayor potencia económica y militar de la época.

Las expectativas de los romanos se confirmaron cuando pusieron su pie en la Península Ibérica, acontecimiento que tuvo lugar durante las Guerras Púnicas y más concretamente con el desembarco de los Escipiones en Ampurias. En este periodo, las minas más famosas fueron las de Carthago Nova, ciudad fundada por Asdrúbal, que contaba con los yacimientos de plomo argentífero más productivos de aquella época. Polibio, un historiador griego que acompañó a los romanos en su avance por Hispania y que fue testigo de la conquista de Numancia, visitó estas minas. Su testimonio, recogido por el geógrafo griego Estrabón en su obra Geografía en la que dedica su libro III por entero a Hispania, describía los métodos de explotación que se empleaban para extraer el mineral de estos yacimientos y su enorme riqueza. En ellos trabajaban 40.000 obreros en una extensión que ocupaba varios kilómetros cuadrados, extrayendo de las entrañas de la tierra 25.000 dracmas de beneficio diario. Para hacernos una idea del nivel de explotación al que fueron sometidas podemos fijarnos en las montañas de escombros de aquella época que aún existen en las proximidades de Cartagena. Tan sólo en el de Herrerías se calcula que hay 276.000 toneladas de escoria.

Siguiendo con el relato de las fuentes históricas, los pozos mineros abiertos por Aníbal en Hispania le reportaban trescientas libras de plata diarias. En las explotaciones se trabajaba sin descanso día y noche, en turnos fijados por la duración de las rudimentarias lámparas de aceite que llevaban los mineros. Según la descripción del polifacético griego Posidonio, recogida también por el cronista Estrabón, los metales obtenidos en las minas hispanas se hicieron famosos por su calidad y cantidad, llegando a convertirse en legendarios con la divulgación de algunos relatos que hablaban de una riqueza extraordinaria al alcance de la mano. El más extendido era el que hablaba de un pavoroso incendio forestal que había tenido lugar en Turdetania, la Hispania Ulterior o Bética de los romanos, afectando a las lomas boscosas de un monte en el que había una veta incalculable de plata. Extinguido el fuego, el metal fundido por el intenso calor salió a la superficie en forma de torrentes resplandecientes.

Los ríos de la Península también eran explotados a la búsqueda de pepitas de oro. En una imagen que nos recuerda a la de los mineros del Lejano Oeste, las arenas auríferas eran transportadas hasta pilas o pozos construidos en las riberas, lugares en donde eran tamizadas con cedazos manejados por las manos expertas de mujeres de ojos acostumbrados a localizar las pepitas. Las cuencas del Tajo, Genil, Duero y Miño fueron las de mayor rendimiento, sembradas de pequeñas explotaciones dedicadas a extraer la riqueza que entonces arrastraban las corrientes de estos ríos.

La riqueza de Hispania en metales preciosos queda reflejada en el botín de guerra obtenido por Publio Cornelio Escipión tras la conquista de Carthago Nova. Según el relato de los cronistas, estaba compuesto por 276 páteras de oro de una libra de peso cada una, 18.300 libras de plata trabajada o acuñada, y un gran número de vasos y recipientes hechos del mismo metal. Con estos datos y cifras no debe extrañarnos que los romanos considerasen a Hispania como una especie de Eldorado mediterráneo en el cual las riquezas manaban del suelo y eran transportadas por los ríos ofreciéndose a quien las cogiera, imágenes que despertaban las ambiciones de los más codiciosos.

Origen: Minas romanas en Hispania, la joya del imperio (Extraído de la web: Historia de Iberia Vieja)


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El fin de los piratas en la República romana

Los intentos de la Roma republicana de erradicar a los piratas fracasó sistemáticamente. Varias décadas duró la persecución y el intento de exterminar al terror de los mares y al más grande de los problemas del comercio. No sólo valiosos botines acababan en manos de los piratas, sino que también numerosas personalidades del mundo romano, entre las cuales el mismísimo César, conocieron la cautividad pirata, de la cual solamente consiguieron escapar a cambio de un rescate orbital.

Cuando estos ladrones de mar atracaron incluso el puerto de Ostia y empezaron a atemorizar los paseantes de Via Appia se decidió que el problema debía ser resuelto.

Fue en el año 67 a.C. que el inluyente político y militar Gabinio propuso un proyecto de ley que prometía acabar de una vez por todas con los piratas. El encargado de llevar la misión a cabo fue el cónsul Pompeyo, lo que causó revuelo en el senado y levantó voces escandalizadas. La ley le dio poder sobre toda la extensión del mar, manteniéndose alejado de las costas a 50 millas mar adentro.

Contando con el apoyo de influentes oradores como Cicerón y César se estableció que 24 legados, 500 naves, 20 legiones (120 000 soldados) y 5000 jinetes serían puestos a la disposición de Pompeyo, el dueño del imperio de Neptuno, para combatir a los temibles piratas. Disponía, además, de dinero ilimitado proveniente del tesoro público. Lex Gabinia fue bien recibida por la plebe, pero el senado estuvo aterrado por el gran y peligroso poder que se le entregaba a Pompeyo y que, a partir de aquel momento, representaba una amenaza para la estabilidad de la república.

Usándose de la calma y la minuciosidad que le eran características, elaboró el plan estratégico más brillante de toda su carrera militar. Dividió el Mar Mediterráneo en trece sectores, colocando en cada uno a un legado al mando, al que le entregaba un número de naves y hombres. Sincronizadamente empezarona a atacar naves piratas, a los cuales capturaba en grupo. Los que conseguían huir lo hacía desorganizadamente, juntándose nuevamente en su punto de reunión, Cilicia.

Origen: El fin de los piratas en la República romana (Web http://www.queaprendemoshoy.com)


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Portada y contra del libro El Secreto de los Balbo

El Secreto de los Balbo, de J. A. Ortega, en SER HISTORIA

El programa radiofónico SER HISTORIA, que dirige y presenta Nacho Ares, dedicó esta semana su edición a los Balbo de Cádiz, protagonistas de la nueva novela de José Antonio Ortega. El espacio, que se emite todas las madrugadas de los domingos, de 5 a 6 de la mañana, centró su atención durante la madrugada de este domingo, 10 de abril, en las figuras de Lucio Cornelio Balbo el Mayor y Lucio Cornelio Balbo El Menor, personajes de origen gaditano que gozaron de gran notoriedad en la Roma del siglo I a. C. y mantuvieron una estrecha relación Gayo Julio César. SER HISTORIA también se hizo eco de la reciente publicación de “El Secreto de los Balbo”,  último libro del periodista y escritor barreño.

Ortega fue entrevistado para hablar de los Balbo de Cádiz y exponer algunos detalles sobre la relevancia histórica que esta familia gaditana tuvo durante los años finales de la república romana por su amistad con César, Pompeyo, Cicerón, Augusto y otros grandes nombres de la época.

El programa de SER HISTORIA puede volver a escucharse en la web de la Cadena Ser, en la web oficial de Nacho Ares y en la web oficial del libro “El Secreto de los Balbo”.

Balbo El Mayor

Lucio Cornelio Balbo El Mayor (c. 95 a. C. – c. 30 a. C.) fue un caballero de origen gaditano, poseedor de una gran fortuna, amigo íntimo, colaborador y confidente de Gayo Julio César. Mantuvo también una relación de amistad con Gneo Pompeyo Magno, que le recompensó con la concesión de la ciudadanía romana, y con Marco Tulio Cicerón, que le defendió en una ocasión ante los tribunales. Prestó notables servicios al conquistador de las Galias y medió en los acuerdos que llevaron a la constitución del primer triunvirato. También prestó gran ayuda al joven Octavio cuando este aceptó la herencia de su tío-abuelo el año 44 a. C. Tuvo el honor de ser el primer ciudadano no nacido en Italia en ocupar el consulado el año 40 a. C.

Balbo El Menor

Lucio Cornelio Balbo El Menor, sobrino del anterior, fue un destacado político y militar nacido en Gades hacia el año 75 a. C. Participó en la Conquista de las Galias y desempeñó un importante papel en la Guerra Civil que enfrentó a los partidarios de César con los de Gneo Pompeyo Magno, combatiendo en las campañas de Oriente, Egipto, África e Hispania. En su cursus honorum llegó a los cargos de cuestor, propretor y procónsul. Fue miembro del Senado, contó con la amistad y confianza de Augusto y celebró un triunfo el año 19 a. C. por sus victorias sobre los gétulos y los garamantes en tierras norteafricanas, convirtiéndose en el primer ciudadano no nacido en la Península Itálica en gozar de tal distinción.

También patrocinó, gracias a su fortuna, el engrandecimiento y embellecimiento de su ciudad natal, así como la construcción de varios edificios públicos en la capital del gran imperio (entre ellos un teatro consagrado el 13 a. C., que fue ya tenido como una joya de la arquitectura entre sus contemporáneos), e incluso se ejercitó en el oficio de las letras, al igual que otros muchos representantes de la nobleza y la clase ecuestre de su tiempo.

El Secreto de los Balbo

La nueva y última novela de José A. Ortega, “El Secreto de los Balbo”, ha sido publicada por la Editorial GoodBooks y se encuentra a la venta desde el pasado 23 de febrero. La obra se presentó con notable éxito en Los Barrios el pasado 10 de marzo y se presentará el próximo 26 de abril en Algeciras.


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Hallan un posible asentamiento vikingo en Norteamérica

El sitio de Point Rosee, en la isla canadiense de Terranova, podría demostrar que “los vikingos llegaron mucho más lejos de lo que se creía”.

Si las investigaciones ulteriores lo confirman se trataría del “primer asentamiento nórdico descubierto en Norteamérica en los últimos cincuenta años”, según anunció el viernes pasado la Universidad de Alabama en Birmingham (UAB). El sitio de Point Rosee en la isla candiense de Terranova, en la costa noreste de Norteamérica, podría demostrar que “los vikingos viajaron por Norteamérica mucho más lejos de lo que se creía hasta ahora, ampliando los límites de sus exploraciones unos 500 kilómetros al suroeste”, prosigue el comunicado de la UAB.

Sarah Parcak, una arqueóloga de la UAB que trabaja con tecnología satelital y que investiga para National Geographic, detectó el sitio mediante imágenes infrarrojas procedentes del espacio y en un área de más de 400 kilómetros. Parcak y su equipo de investigación, entre ellos su marido Gregory Mumford, descubrieron “unas formas, posiblemente creadas por el hombre, bajo la vegetación descolorida”. En junio de 2015 se llevaron a cabo unas excavaciones preliminares durante un período de dos semanas y media. El equipo del proyecto Terranova regresará a Point Rosee el próximo verano “para continuar las excavaciones y recoger más muestras”.

Hasta ahora sólo se conocía un asentamiento vikingo en la zona, descubierto en los años sesenta en L’Anse aux Meadows, un paraje situado en la punta septentrional  de la isla de Terranova. Los arqueólogos hallaron los restos de varios edificios, además de clavos de hierro y otros objetos, de unos mil años de antigüedad, es decir, unos quinientos años antes del viaje de Cristóbal Colón a América, “confirmando así que los exploradores nórdicos alcanzaron Norteamérica tal y como sugieren las Sagas de Vinlandia”, señala el comunicado.

Origen: Hallan un posible asentamiento vikingo en Norteamérica (National Geographic)


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Unicornio

El hombre pudo ver unicornios sobre la Tierra

A veces, aunque no sea lo habitual, las leyendas cobran vida y parecen convertirse en realidad. Y a pesar de que su aspecto dista bastante de lo que cualquiera de nosotros pudiera tener en mente, lo cierto es que el unicornio, o algo que se le parece mucho, existió realmente. Y no solo eso, sino que las últimas investigaciones de los científicos apuntan a que pudo coincidir en el tiempo con los humanos.

Durante décadas, los investigadores habían creído que el Unicornio siberiano, una especie de mamífero más parecido a un rinoceronte que a un caballo, se extinguió definitivamente hace unos 350.000 años. Es decir, muchísimo antes de que nuestros antepasados directos llegaran al continente europeo. Sin embargo, un cráneo exquisitamente conservado y aparecido recientemente en Kazajistán ha cambiado radicalmente las cosas. De hecho, y según acaba de publicarse en la revista American Journal of Applied Science, esta increíble criatura pudo sobrevivir, por lo menos, hasta hace 29.000 años. Y convivir, por lo tanto, con nuestra propia especie, Homo sapiens, que llegó a Europa hace cerca de 40.000.

En otras palabras, realmente hubo un “unicornio” paseándose por el viejo continente, y casi con toda seguridad fue visto en más de una ocasión por nuestros lejanos antepasados. Aunque, todo hay que decirlo, poco o nada tenía que ver con los unicornios que aparecen en las leyendas mitológicas. Su nombre científico es Elasmotherium sibiricum, era enorme y peludo, poseía un gran cuerno recto y puntiagudo y sus formas recuerdan a las de los rinocerontes modernos.

Según las primeras descripciones científicas, el Unicornio siberiano medía dos metros de altura, hasta 4,5 metros de largo y su peso rondaba las cuatro toneladas. Unas dimensiones que se acercan más a las del mamut que a las del caballo. A pesar de su impresionante aspecto, el Unicornio siberiano sólo se alimentaba de hierba. Es decir, que si queremos hacernos una idea real sobre el aspecto de esta criatura, deberemos pensar en una especie de rinoceronte, cubierto de pelo, pero con el rostro más parecido al de un caballo y un único y larguísimo cuerno sobresaliendo de su frente, en lugar de los dos cuernos cortos y rechonchos de los rinocerontes actuales.

El refugio de un macho

El nuevo cráneo, extraordinariamente bien conservado, fue hallado en la región de Pavlodar, en Kazajistán. Y sus descubridores, un equipo de paleontólogos de la Universidad Estatal de Tomsk, en Rusia, lo han datado por medio de técnicas de radiocarbono, atribuyéndole una edad de cerca de 29.000 años. Basándose en las características del fósil, los científicos creen que se trata de un macho, aunque por ahora se desconoce cuál fue la causa de su muerte.

Pero la principal pregunta que se formulan los investigadores es cómo pudo esta especie de unicornio perdurar hasta varios cientos de miles de años después de que todos sus demás parientes se extinguieran. “Lo más probable -afirma Andrei Shpanski, uno de los miembros del equipo- es que el sur oeste de Siberia fuera un refugio en el que esta especie logró sobrevivir mucho más tiempo que el resto de sus congéneres. Otra posibilidad es que el Unicornio siberiano fuera capaz de migrar y de pasar largas temporadas en regiones mucho más al sur”.

Los investigadores esperan que su hallazgo pueda ayudar a comprender mejor cómo influyen los factores ambientales en la extinción de las especies, y cómo las migraciones a través de largas distancias pueden haber ayudado a algunas criaturas, como el Unicornio siberiano, a durar mucho más tiempo de lo que se pensaba.

Origen: El hombre pudo ver unicornios sobre la Tierra 

(Artículo de José Manuel Nieves; diario ABC)


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